Hay una canción que no para de sonar en la radio comercial de Australia. Es una versión de ‘Like A Prayer’, el himno de Madonna, firmada por un artista llamado Josh Fawaz. Ha escalado hasta el número uno, acumula 35 millones de reproducciones en Spotify y lidera las listas de electrónica de iTunes a nivel mundial. Un éxito rotundo. Pero aquí es donde la historia se tuerce y se vuelve crucial para nosotros: cada vez más expertos de la industria sospechan que no estamos escuchando a un humano, sino a una inteligencia artificial generativa. Este hit masivo podría ser el primer gran caso de una canción fabricada por algoritmos que engaña al sistema y, de paso, a millones de oyentes.
La polémica está servida
La alarma la han dado varios productores y críticos musicales. Sam Whiting, un conocido experto, señaló que la producción suena “muy comprimida”, una característica habitual en las herramientas de generación musical con IA. Pero la verdadera preocupación va más allá de lo técnico. “Es una interpretación vocal muy impresionante si fue hecha por un humano, pero si no lo es, surgen preguntas inquietantes sobre qué valoramos ya en términos de expresión humana”, comentó Whiting en una declaración que resume el sentir de muchos. Por su parte, el artista implicado, Josh Fawaz, le quita hierro al asunto. Según reportó The Guardian, su respuesta es esquiva y minimalista: “Uso la IA como una herramienta”, para luego añadir un despreocupado “No es para tanto”.
Más allá de una canción: el futuro de los derechos
La respuesta de Fawaz, intencionada o no, ignora el verdadero terremoto que este caso puede suponer para la industria musical. No se trata solo de si una canción es “real” o no, sino de quién posee los derechos y cómo se reparten las regalías. Las organizaciones de derechos de autor australianas, APRA y AMCOS, han confirmado que la canción está registrada como una versión de la obra original de Madonna y Patrick R Leonard, por lo que ellos reciben su parte correspondiente. Sin embargo, esto abre una caja de Pandora: ¿qué pasa con los derechos de interpretación si el intérprete es una IA? ¿A quién se le paga por esa “actuación” vocal sintética?
Este caso no ocurre en el vacío. Llega justo en un momento en que las grandes tecnológicas presionan para flexibilizar las leyes de derechos de autor que protegen las obras usadas para entrenar a sus modelos de IA. El éxito de Fawaz se convierte así en un caso de estudio en tiempo real sobre la falta de transparencia y regulación en un territorio cada vez más gris.
Lo que está claro es que la era de la música sintética no es una fantasía de ciencia ficción. Ya está aquí, sonando en la radio y compitiendo por los primeros puestos. La pregunta que nos deja el éxito de esta versión de ‘Like a Prayer’ es si la próxima vez que escuchemos un éxito, sabremos distinguir si detrás hay un alma o simplemente un algoritmo muy bien entrenado.

