Si has pasado tiempo en X últimamente, es probable que te hayas topado con una historia desgarradora: un niño de 9 años que revela un secreto familiar en una reunión, un empleado humillado que logra su venganza, o una confesión dramática en una boda. Lo que quizás no sepas es que muchas de estas historias son completamente falsas, generadas por inteligencia artificial y diseñadas con un único propósito: hacerse virales para cobrar del programa de reparto de ingresos de la plataforma. Este no es un pasatiempo, es un negocio que expone las grietas del modelo con el que Elon Musk pretende salvar su red social.
La fórmula del éxito artificial
El formato es casi siempre el mismo: un video corto o un hilo de texto con una narrativa simple pero de alto impacto emocional. La historia de un niño ficticio que declara “Sé quién incriminó a mi mamá. Están sentados en esta habitación” acumuló 1.5 millones de vistas en apenas dos días. Según reportó WIRED, el secreto no está en la originalidad, sino en una fórmula psicológica probada. Como explica el profesor Rob Cover, estas historias apelan a un deseo universal: “El desvalido es redimido mientras que el adversario es derrotado, humillado y avergonzado”. La IA simplemente automatiza la creación de estos guiones de telenovela a escala masiva.
El negocio detrás del drama
Para los creadores, el incentivo es puramente económico. El programa de monetización de X requiere umbrales relativamente bajos —500 seguidores verificados y 5 millones de impresiones— para empezar a recibir pagos. Un creador conocido como BİGBEN, por ejemplo, afirma recibir pagos de entre 500 y 700 dólares. Su actitud pragmática lo resume todo: “Antes de revelar mi estrategia, ¿qué gano yo?”. No hay interés en la autenticidad o la creatividad, solo en el rendimiento. Se trata, como lo describe la candidata a doctorado Jenna Russell, de “spammers que simplemente han optimizado el mínimo esfuerzo para obtener la máxima interacción”.
Este fenómeno no es exclusivo de X, pero sí es un síntoma grave de un problema mayor en la industria. Las plataformas están desesperadas por retener a los creadores y atraer usuarios, y los programas de reparto de ingresos son su principal herramienta. Sin embargo, los algoritmos que miden el “éxito” se basan en métricas crudas como vistas e interacciones, sin poder discernir la calidad o veracidad del contenido. El resultado es un ecosistema que recompensa la “basura” generada por IA (conocida en inglés como “AI slop”) por encima del contenido genuino y trabajado.
El futuro de esta dinámica es incierto, pero preocupante. A medida que las herramientas de IA se vuelven más accesibles y sofisticadas, la producción de este tipo de contenido se disparará. Las plataformas como X enfrentarán una encrucijada: o invierten masivamente en refinar sus sistemas para premiar la calidad real, o corren el riesgo de convertirse en un océano de melodrama artificial donde la autenticidad se ahoga y el modelo de la economía del creador pierde todo su sentido.

