Olvídese de los relojes de lujo y los perfumes. La nueva jugada maestra de Lionel Messi y Cristiano Ronaldo no está en la cancha, sino en las rondas de financiación de Silicon Valley. Ambos astros están canalizando millones hacia empresas emergentes de inteligencia artificial y tecnología de la salud, convirtiéndose en inversores de capital riesgo. Esto importa, y mucho, porque marca un punto de inflexión: las figuras más grandes del deporte ya no se conforman con ser una cara bonita en un anuncio; ahora quieren ser dueños de una parte del futuro tecnológico.

De patrocinados a socios capitalistas

Estamos presenciando una evolución fundamental en la forma en que los atletas de élite gestionan su riqueza. El viejo modelo de acumular patrocinios millonarios está dando paso a una estrategia mucho más sofisticada: tomar participaciones accionariales en compañías con potencial de crecimiento exponencial. Esta evolución, según reportó WIRED, refleja “un enfoque más amplio en la creación de riqueza a largo plazo y la seguridad financiera más allá de la carrera deportiva de un atleta”. En lugar de simplemente alquilar su imagen, usan su influencia global y su capital para construir imperios que perduren décadas después de colgar las botas.

El portafolio tecnológico de CR7

Cristiano Ronaldo es un claro ejemplo de esta nueva mentalidad. Su inversión en Whoop, la popular banda de monitorización de la salud, no es una apuesta ciega. Él mismo la considera “una de las herramientas más importantes que uso para apoyar mi salud a largo plazo”. No solo pone su dinero, sino que valida la tecnología con su propia experiencia como atleta de máximo rendimiento. Lo mismo ocurre con su participación en Bioniq, una empresa de suplementos personalizados. Su objetivo, en sus propias palabras, es expandir la capacidad de “ofrecer bienestar personalizado a escala mundial”. Es una estrategia coherente: invierte en los sectores que domina y que forman parte de su marca personal.

Salah y la ruta tradicional

Sin embargo, no todos los ídolos del fútbol están subiéndose al tren de las startups. Mohamed Salah, la estrella del Liverpool, representa la visión más conservadora, pero no por ello menos lucrativa. Su enfoque se centra en pilares tradicionales: acuerdos comerciales convencionales, un sólido portafolio de bienes raíces y una notable actividad filantrópica. Salah está jugando un partido diferente, uno basado en la seguridad y los activos tangibles, demostrando que aún existe un apetito por las inversiones probadas y de menor riesgo, incluso entre los deportistas mejor pagados del planeta.

Esta bifurcación de estrategias define el nuevo panorama financiero del deporte de élite. Por un lado, los pioneros tecnológicos como Messi y Ronaldo que apuestan por la disrupción. Por otro, los tradicionalistas como Salah que confían en el ladrillo y los contratos clásicos. El éxito de estas carteras de inversión, tan distintas entre sí, será el verdadero marcador que defina el legado empresarial de esta generación dorada de futbolistas.